REVISTA ESCOOLTURA

El verdadero ancho del río Santa Catarina

El verdadero ancho del río Santa Catarina

Por Tonny Alemán

Miércoles 26 de abril, 2017: Venía yo tranquilamente leyendo un libro en el camión Ruta #1, que abordé en San Nicolás de Los Garza, rumbo al centro de Monterrey; por la desvelada de anoche y la lectura me dolían un poco los ojos al forzarlos, así es que cerré el libro, me enrosqué los tirantes de mi mochila en la mano y me dispuse a dormitar un rato.

Para cuando abrí los ojos estaba cruzando justo la mitad del puente San Luisito, del Río Santa Catarina, inmediatamente reaccioné y me bajé del camión a la primer cuadra posible.

En seguida tomé un taxi para dirigirme a la sala de conciertos Escena Monterrey, que es donde yo trabajo, el taxista era un viejito de unos 65 años, parlanchín y muy platicados, por lo que íbamos risa y risa con una plática muy amena. Una vez que el taxi subió a la altura del Auditorio Rïo 70 y posteriormente por la calle Aldama, rumbo a la plaza de La Purísima, me contó que un amigo de él que había nacido en año 1900 le contó que antes el río Santa Catarina llegaba hasta la calle Padre Mier y que a la altura de la placita de La Purísima había una lomita, por eso donde íbamos era de subida. Pero ese era solo un extremo, del otro lado brincando el río, rumbo a la colonia Independencia el río también llegaba a la calle 5 de febrero, aunque en esta parte ya era de bajada.

¿Se imaginan el ancho del río? La parte alta de “la loma” estaba en lo que ahora es la calle Padre Mier y la parte baja, en lo que ahora es la calle 5 de febrero. “Pero las sequías y los huracanes con el tiempo fueron disminuyendo el cauce natural del río”, según me contó el taxista que le había platicado su amigo. “Por eso, cada que hay ‘avenidas’ el agua se desborda, porque ahora le han construido muchas casas en la orilla, carreteras e incluso, muy pegado al pequeño charco que aun corre por ‘el rio’ —y encorva sus dedos índice y medio— le construyeron unas canchas de fútbol y en otro pedazo no muy lejos de ahí había un mercadito”, concluyó.

Llegamos a mi destino y me despedí de este agradable señor. No supe su nombre, ni el de su viejo amigo, pero la enseñanza del pueblo estuvo presente en esta interesante anécdota de El verdadero ancho del Río Santa Catarina.

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