REVISTA ESCOOLTURA

Leyenda de la confesión de doña Ana Xaviera Lozano

Leyenda de la confesión de doña Ana Xaviera Lozano

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Los sacerdotes suelen ser hombres generosos siempre entregados a Dios. Su labor es ayudar al prójimo para que se rediman, dejen la vida del pecado y vayan por el buen camino. La única forma para que un pecador pueda estar en gracia de nueva cuenta con su creador, es por medio de la confesión. El padre Felipe era un hombre que confesaba a todo aquel que se lo pedía, sin importar que estuvieran o no en la iglesia.

Era de noche, pasaban de las once, el sacerdote estaba a punto de dormir cuando de pronto escuchó que alguien tocó a su puerta. El cura se levantó de la cama y preguntó quién era y qué quería. Escuchó una voz de una mujer: Soy Ana Xaviera Lozano y necesito confesarme”. El sacerdote más que molestarse por la impertinencia de la mujer, se sorprendió al escucharla. “¿Qué pecado mortal habría cometido ella que necesitaba urgentemente la confesión?” , se preguntó.

El sacerdote abrió la puerta y vio que a unos pasos de él estaba una mujer vestida de negro; lucía en verdad afligida, y sin decir más el cura le pidió que le dijera sus pecados. Una vez terminada la confesión, ella le agradeció el haberla liberado del pecado y se retiró. El cura sintió algo extraño, y algo en su interior provocó que decidiera seguirla. La mujer caminaba a paso lento, y por increíble que pareciera, ella se dirigió al cementerio.

Detrás de ella y tratando de no hacer ruido iba el sacerdote que, gracias a la luz de la luna llena, pudo observar como esa mujer se detuvo frente a una tumba con una cruz y allí desapareció. Al día siguiente el padre volvió y asombrado encontró un sepulcro en cuya cruz leyó: “Ana Xaviera Lozano”. ¿Cuál sería el pecado o las faltas de esa mujer que no podía descansar en paz?

Ese secreto de confesión el sacerdote Felipe se lo llevó a la tumba.

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Texto tomado del libro: Misterios de Nuevo León

 

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