REVISTA ESCOOLTURA

Papa hasta la muerte…

Papa hasta la muerte…

4 de Marzo. Comienzan los primeros mini-cónclaves. Pequeños grupos de cardenales afluyen hacia Roma con el propósito de apersonarse en la capital vaticana antes de la votación. Un intento de normalidad después del sacudón que significó oír a Joseph Ratzinger decir “ya estoy viejo para el trono de San Pedro: elijan a otro”. Un Cónclave como no ha habido en 5 siglos, para reemplazar a un Papa que sigue “vivo y viejito”.

¿Qué razones pudo tener? Han salido versiones apocalípticas, de todo tipo, la más extraña señala un vínculo con la caída del Imperio de Estados Unidos (que me expliquen la relación, porque yo no la comprendo…)  Por ello, este artículo intentará develar las razones reales de tal gesto y dar algunas pautas sobre lo que se viene a partir de ahora para una de las instituciones donde, hasta hace poco más de un mes, “la renuncia venía sólo con la muerte”.

Muchos aún tenemos fresca en la memoria la imagen del Papa Wojtila, moribundo, arrastrando su cayado pastoral como un bastón para sostenerse, sacando fuerzas de flaqueza para continuar su ministerio a pesar de achaques y dolencias. Pero lo que el polaco, que vivió la represión soviética a la fe católica, consideraba su misión a ultranza, no iba a ser replicado por el pragmático, metódico y sensato alemán que lo sucedió. El escenario había cambiado, y fue precisamente el inmovilismo de Juan Pablo II el que hizo que Benedicto XVI fuera incapaz de luchar contra el nuevo – y fortalecido – enemigo interno.

Joseph Ratzinger,, hoy “obispo emérito de Roma”, tomó la decisión de renunciar justo durante su viaje a México el año pasado. Se reunió sólo con algunos grupos selectos, únicamente en la cuna de la “buena sociedad católica”: el Bajío guanajuatense. No visitó a las víctimas de pederastas ni a los ex legionarios de Marcial Maciel, pero es probable que ya entonces haya tenido algún reporte de la gravedad de estas situaciones. ¿Qué vio en México, o mejor dicho, qué no vio, qué le impidieron ver o qué notó cuando estuvo en el país, para tomar una decisión de tal calibre? Algo ligado, sin duda, a las acusaciones de pederastia y homosexualidad, ya que no hay evidencia que sustente lo contrario.

Luego estalló Vatileaks. ¿De dónde obtuvo Paolo Gabrieli la información filtrada? No todo lo que salió a colación provenía de los aposentos papales, y Ratzinger, un sabio intelectual, hombre de letras antes todavía que de fe, sabía que había grupos de presión detrás del oscuro mayordomo pontificio. No por nada llamó a los cardenales Tomko (último jefe de la “policía vaticana”), Herranz (coadjutor de los Legionarios tras el escándalo) y De Giorgi para un estudio profundo de los posibles canales y “enemigos internos” de los que se sirvió Gabrieli. Resulta espeluznante señalar la confabulación de pederastia, corrupción y sevicias que encontraron al descubrir el llamado “lobby gay”:  la prensa italiana (en especial La Repubblica) las ha documentado a suficiencia.

La conclusión es clara. Ratzinger sabe que no puede luchar contra esto: gracias a que Juan Pablo II no actuó contra ellos decididamente, tienen poder y apoyos con los que él no cuenta. Está solo. Tras la traición de Gabrieli, ya no confía ni en su secretario de Estado, Angelo Sodano, ni en su camerlengo Tarcisio Bertone, ni tampoco en su vocero Federico Lombardi. Prueba de ello es que no avisa su decisión de renunciar a los dos primeros, y el tercero niega la investigación de los tres cardenales, mientras el Papa afirma que él mismo la pidió. Por eso, decide renunciar.

¿Qué sigue? Ordenar la casa, por supuesto. Con una antelación nunca antes vista desde que Celestino V se retiró a su ermita, los posibles papables ya están definidos y se van reduciendo en número. Racionalmente, los antecedentes llevan a  propender  por un Papa poliglota, joven y no tan conservador, con gran base católica y buen orador. Hoy por hoy, tales requisitos los cubre Marc Ouellec de Quebec.

Luego está Angelo Scala, el inevitable Papa italiano, por edad y credenciales, además cumple con otro requisito de los Papas del siglo XX: fue tanto Patriarca de Venecia, como Arzobispo de Milan al retirarse por edad Dionigi Tettamanzi, y antes fue obispo de Grossetto, en el norte de Italia. Por el contrario,  no es tan brillante como su antecesor, una eminencia del dialogo inter religioso y un sabio en general como fue Carlo Maria Martini, y se sabe que es ratzingeriano, lo que le restaría puntos con la Curia. Su lema es “Basta solo tu gracia”

El cardenal Schoenbaker de Viena es considerado en el grupo de papables, su familia es noble y adinerada, pero es considerado progresista. Según la profecía de San Malaquías, este Papa será Pedro el Romano, y algunos apuestan que será el camerlengo Tarcisio Bertone, cuyo segundo nombre es Pietro y nació en Romano Canavese, provincia de Torino. Por su edad,  nadie apuesta por él, como en el cónclave anterior nadie daba una chance a Ratzinger, y sin embargo salióelecto.

De un segundo grupo de “purpurados emergentes”, el cardenal Tagle de Manila no tiene un brillo propio, pero es joven y dinámico. Se habla de dos obispos brasileños, aunque sería muy improbable dado su bajo perfil y a que Brasil tiene minoría católica.El cardenal Dolan tiene carisma pero no se sabe si realmente algún lobby del Concilio se pondría de su lado. Por otra parte, sería irónico si saliera Reinhard Marx de Alemania, que por edad es papable: el papa sería R. Marx, y eso haría felices a varios comunistas.

El muy famoso obispo Peter Turkson de Ghana perdió mucho con el avisaje que se puso a su favor: el Papa no es elegido por la popularidad entre los feligreses, lo cual es indiferente a la Curia, sino un defensor de sus intereses y su imagen corporativa. La elección papal no es una votación para alcalde ni  un concurso televisivo. Quien haya pensado en ayudar a Turkson, no conoce de diplomacia vaticana: en la práctica, dañó su candidatura.

¿Y de Mexico? Al conclave irán los cardenales Iñiguez Sandoval, Rivera Carrera y Ortega Robles.
Desde ya, ninguno es papable: el único latinoamericano que tendrá votos seguros será Leonardo Sandri de Buenos Aires, cuya habilidad diplomática es de sobra conocida.

De entre ellos, quienquiera que sea elegido para el solio pontificio tendrá una patata caliente en las manos. Porque el problema es que Ratzinger descubrió una verdad incómoda. La investigación de Tomko, Herranz y De Giorgi fue hecha para que la viera el Pontífice, y también se hizo una copia para su sucesor. Muchos en la Curia tienen tejado de vidrio si este trabajo sale a la luz o lo toma un Papa decidido a actuar. Personalmente, temo que Benedicto XVI  pueda ser asesinado o envenenado.

Antes que se espanten, no se trata de una teoría de la conspiración: hay precedentes. Si Joseph Ratzinger renunció por presiones de un “lobby”, no es un acto libre. En derecho canónico, esto tiene un nombre: cisma. Si hay dos Papas en el vaticano – y muchos videntes católicos previeron un cisma similar “al final de los tiempos”,  habrá algunos que tomen partido por Benedicto XVI y los habrá que sigan al nuevo papa. Dos facciones católicas en una misma Iglesia y dos cabezas.

Benedicto XVI ya es viejo y padece de varios males. El temor- bien  fundamentado en la historia del Papado – es que puedan dejar que muera o matarlo, ya que no es de fiar: actúa por su cuenta, no pide consejo a quienes por jerarquía están más cerca suyo, incluso renuncia sin previo aviso. Esto es algo que la Curia no acepta, y por eso el nuevo Papa sería de una facción conservadora distinta a la de Benedicto XVI, o al menos no tan cercana. Otro hecho sin precedentes, ya que  normalmente un Papa es seguido de otro de su confianza: secretario, camerlengo u otro purpurado cercano. Y ya vimos que no son de la confianza de Benedicto.

De sucederle algo a Ratzinger, estaríamos viendo cosas dignas del siglo de los Borgias. Porque si alguien decidiera terminar con la vida de un papa viejo, enfermo y con antecedentes cardiacos haciéndolo pasar por un ataque al corazón, sería un cercano al nuevo papa. Concuerda con la visión del Papa San Pio X, en la que vio a un papa que huye pasando sobre los cadáveres de sus cardenales, y luego un papa muerto en el exilio de muerte violenta.

Si Ratzinger es ese papa mártir, no sería el único. Después de todo a Juan Pablo I, el cardenal Albino Luciani, le mataron por querer limpiar al Banco Vaticano de las sevicias del obispo Paul  Marcinkus, que luego degeneró en varios “suicidios”, la logia P2 y la quiebra del Banco Ambrosiano.

 Luciani, el Papa de la Sonrisa, era un papa joven. Y si bien Cristo era joven cuando lo colgaron de la cruz, también San Pedro ya era viejo y eso no lo libró de morir crucificado…

.

Por Lorena Lathrop

Like this Article? Share it!

About The Author

Leave A Response